Quedó atrás los tiempos donde pertenecer a la comunidad universitaria era un privilegio... y se corre el riezgo que graduarse en sus instituciones tampoco lo sea. En estos últimos años he sufrido un desmejoramiento sustancial socioeconómicamente hablando, y como muchos otros, me estoy batiendo entre la paciencia y la búsqueda de soluciones rápidas. Para nadie es un secreto que el profesor/empleado/obrero universitario se está convirtiendo en un trabajador de múltiples oficios día a día, lo que en términos coloquiales se traduce en "mata tigrero".
Y la situación tampoco es adecuada para los estudiantes, porque hay una estrecha relación entre el bienestar de los docentes y la calidad con la cual imparten sus clases, el bienestar del personal administrativo y obrero y su disposición a realizar sus labores en función de adecuar la institución. Ahora es mucho más frecuente la inasistencia docente, con secciones completas que llegan al final del semestre con muy mala preparación.
En dirección ortogonal, están las buenas intenciones, respecto a la mejora curricular, que se dirigen a mayores exigencias para el personal que ingresa a la Universidad, sin embargo, los beneficios socioeconómicos no convergen con esto y es por eso que vemos tantos cargos desiertos en algunos de los concursos de credenciales y oposición que se han estado realizando últimamente. El extremo de esto ha resultado la numerosa oferta de cargos a tiempo convencional, una alternativa económica pero no conveniente para la academia.
Mientras tanto, para quienes amamos la universidad, no nos queda otra que seguir "matando los tigritos" mientras se pueda

1 comentarios:
Eduardo, te sorprenderá saber que la cosa por acá no anda muy diferente. Vivimos en los tiempos de la temporalidad y el cortoplacismo. La academia no escapa de ese mal. Cosas de la postmodernidad diría Jameson.
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