domingo 26 de julio de 2009

El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias

Anoche terminé de leer la novela. Fue una lectura algo prolongada, no por la prosa de la novela sino por el poco tiempo que dispongo estos últimos días. La historia es de fácil lectura, atrapa porque las sensaciones necesarias las transmite Asturias con gran facilidad. Los momentos que más me impactaron de su historia son los que hablan del encierro en celdas, cárceles en extremo inhumanas, con un detalle de las miserias nuestras.
Muy pocos sabrán que tuve una muy breve experiencia en una cárcel, en condiciones espantosas, (historia que algún día contaré) pero que fueron suficientes para identificarme en ese ambiente hostil que describen las peores escenas de la novela.
La obra maestra de Alejandro Dumas, "El Conde de Montecristo", habla sobradamente de estas condiciones, pero si este autor hubiese aplicado las maneras de Asturias, la obra hubiese pasado a la historia como la más chocante jamás escrita. El grado de desagrado que tienen los pasajes carcelarios de "El Señor Presidente" permanecen dentro del nivel justo, no es poco para poder dar el mensaje que el autor quería expresar ni muy alto para que el lector suelte el libro buscando desesperadamente algo de aire y luz.
Es difícil imaginar que casos de la vida real deben estar sucediendo, en Irak, Honduras, Guantánamo, Irán, Afganistán, Korea del norte, Cuba, varios países africanos, y en algunos países de fachada aparentemente impecable.
Para no olvidar el personaje histórico que inspiró esta novela (el presidente fraudulento y sanguinario de Guatemala desde 1898 hasta 1920 llamado Manuel Estrada Cabrera), un venezolano podría recordar al infame Pedro Estrada, esbirro del dictador Pérez Jiménez (inspiración de obras carcelarias Venezolanas como La Muerte de Honorio de Miguel Otero Silva) que por casualidad comparte el mismo apellido.