Debo confesarlo. Antes de escribir mi tesis de pregrado, era consciente de mi pobre preparación en cuanto a ortografía se refiere. Había sido un sufrido por las enredaderas del idioma español, de tal forma que ideé métodos que me forzaran a mejorar mi manera de escribir, como por ejemplo, evitar el uso del corrector ortográfico de los procesadores de texto. Eso, mas unos cuantos textos sobre la ortografía, me ayudaron muchísimo.
Sin embargo, una vez que mi léxico y mis conocimientos de ortografía se hicieron suficientes para hacer textos publicables (al menos a mi juicio), el sufrimiento en vez de ir en disminución, se ha acentuado, llegando al extremo de perder tiempo valioso en revisión tras revisión, puesto que el número de documentos que redacto va en aumento (no tanto en los blogs, pero sí en mi quehacer diario en la Universidad).
Cayó en mis manos un libro corto muy interesante de Roberto Hernández Montoya, llamado "De Cada Quien Según Su Lengua", donde se expone que la gramática del español sufre una dictadura absurda desde la Real Academia Española. Se desprende la tesis de que la dificultad en aprender correctamente la ortografía de la lengua es por sus elementos que nada tienen que ver con los fonemas elementales de la lengua hablada, así como un conjunto de reglas caprichosas.
El libro detalla varias ambigüedades de las que he sido víctima una y otra vez, a pesar de que me considero un buen escribidor.
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Hace 1 semana
