
Leer "Solitaria Solidaria" de Laura Antillano fue un deleite. La novela tocó algunas fibras de mi encapsulado afán por saber de historias del pasado que pudieran llevarme a una conexión con el presente, con el necesario asidero de hallazgos materiales. Son dos protagonistas pero tres tiempos: Leonora Armundeloy en el siglo XIX, Zulay Montero en el siglo XX y el lector joven (yo) en el siglo XXI. Mientras Zulay imagina la vida de su "heroína" del pasado (Leonora), yo hago dos tantos, incluyendo la vida de Zulay, ya histórica pero muy cercana. Saber que en esa manilla posaron sus manos, en esos pasillos caminaron y en ese ambiente respiraron los protagonistas, hace tan solo 125 y 25 años respectivamente conmueve, aun siendo personajes de ficción (¿cuanto de ficción será?). Un siglo en realidad son pocos años, sin embargo, son al menos 4 generaciones que se distancian, olvidándose casi todo, si no es porque algunos creen firmemente en la eternidad de la palabra escrita. De todo lo vivido por Leonora Armundeloy, eternizado en su diario y luego descubierta por Zulay Montero y lo vivido por la misma Zulay, junto con lo que he percibido yo en apenas 37 años, no puedo dejar de pensar en la frase de Laura Antillano:
Vanas me resultan hoy muchas contiendas. La historia de las luchas por el poder, ¿es acaso la historia de los hombres?conclusión a la que han llegado todos en este mundo, y sin embargo, se nos hace imposible actuar en consecuencia.

